Saturday, May 22, 2010

Inter campeón de Europa.


23.05.2010 - Calígula - Una final de atenuada dosis emotiva. A falta de cinco minutos para terminar, el Bernabeu observaba mudo como Inter, con aplomo, caminaba hacia el título.


Era un 2-0 conciso, parco y no menos contundente. Porque Inter ganó jugando como sabe. Implacable arriba, concentrado abajo. Un equipo orgánico cuyo flujo es la solidaridad entre las partes (individualidades), que respira como uno solo (unánime), que exprime los minutos y blinda su castillo como si de batalla medieval se tratase.


No es fútbol vistoso, no tiene la estética del pase, ni la circulación en el medio, es otra cosa. Un bloque, un ejército con mucho oficio y poca improvisación.


Samuel, Lucio y Cambiasso relevándose, Eto´o peleando en el lateral, Milito recuperando, presión y más presión, metro sobre metro, todo un mecanismo previsible, aceitado, efectivo y conjugado como de relojería, llevó a Inter de vuelta a la elite europea.


La táctica por encima del jugador, el equipo por encima de los nombres, la destrucción sobre la creación (?)


"Atacar es más difícil que defender", dice Van Gaal, orgulloso de sus jugadores. Lo siento por él, pero en ambas suertes fue mejor el Inter (toque y gambeta).


Allí Mourinho, que de quitarle presión a los jugadores, con su protagonismo, puede pasar a montarse sobre ellos. Allí la prensa ensalzando al entrenador casi como si hubiese hecho los goles y cerrado a Robben. Allí su declaración en pleno éxtasis: “me voy al Madrid”.


"Es estúpido atribuir a los entrenadores más poder desequilibrante que a los jugadores, sólo porque tienen fuerza mediática (...) Si permitimos el excesivo intervencionismo de los entrenadores, eliminaremos toda idea de felicidad, en los jugadores primero y en los espectadores después", escribió, no hace mucho, Jorge Valdano.


Sin embargo, Inter volvió a levantar la orejona desde tiempos de Helenio Herrera (64-65), cuando a partir de su presencia empezó a saberse que los equipos tenían un entrenador y que un entrenador podía tener su propia relación con los medios y también jugar al catenaccio.


Inter lo puso en práctica en la segunda semifinal para caer (sólo) 1-0 ante Barcelona casi sin patear al arco ni pisar el área blaugrana ni tener la pelota. Pero antes, en la ida, venció al mismo Barça 3-1.


No podemos soslayar el momento implacable de Diego Milito, acostumbrándose a jugar solo y de espaldas a los defensores, con terreno para hacer lo que mejor sabe: construir goles.


No podemos dejar de ver el trabajo de Eto´o y el juego de Cambiasso, la voz táctica acompañada de panorama, técnica y ubicación. Y atrás, la muralla solidaria que puede empezar con cuatro y terminar con ocho elementos.


No fue Mourinho quien transpiró ni amagó a Butt ni cerró a Robben. No fue quien trabajó cada minuto del partido. No fue quién resignó lucimiento ni cerró las espaldas de Maicon. No fue el que atajó. Fue el que sacó a Milito en el minuto 89 y el contratista que hizo de los gremios interistas una verdadera masonería con estirpe de campeón para determinar que se puede ganar con una idea bien llevada a cabo.


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