Wednesday, November 11, 2009

Museo River




Si me dieran a elegir una palabra elegiría una por sobre las consabidas: oportuno. Entre otras cosas porque abarca al tiempo y las abstracciones íntimas que no se dejan encauzar en palabras.

De raigambre marinero – romana, el origen mítico de la palabra nos lleva a una barca sobre un muy picado Mediterráneo que regeneraba una tormenta atroz. Entonces los romanos, ya entregados, suplicaron a los dioses por un “ventus oportunus”, un viento que los llevara a puerto.

9 de noviembre 2009: después de años de anuncios y esperas, y aun sin terminar (porque no es condición para inaugurar una obra pública en Argentina) se inaugura el Museo de Ríver (el 25 para el público).

La fecha inicial de apertura llevaba colgada el año 2006 pero los atrasos constructivo – financieros la hicieron posible para esta oportunidad (?), sobre una de las peores crisis institucionales en la historia del club, sobre el filo del último mandato de José María Aguilar:

“Este es el museo deportivo más importante del mundo, que es de los clubes más importantes de Sudamérica y el más importante de Argentina” (siempre quise decir esto).

“La institución está pasando momentos particulares con vientos políticos, pero en este momento lo importante es que se inaugura el museo, que encierra grandes jugadores, cuerpos técnicos, dirigentes y temporadas magníficas”.



Una entrada que se estima inicialmente en u$s 5 permitirá el acceso a un recorrido de unos 90 minutos que termina en los locales de merchandising: una vieja estación de tren bajo la mirada de Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Lostau, con una locomotora (la máquina) de siete toneladas hecha a mano en el centro de infografías históricas, salón de trofeos, maqueta del estadio, jugadores de Ríver, de selección, de inferiores, técnicos, presidentes, bares, biblioteca, microcine, proyecciones centrífugas (360º) un túnel del tiempo (Ríver Infinito: "Atención. Cuando se entreabran las puertas habremos llegado al año 1901")…

3.900 tomas fotográficas, 250 tapes de imágenes audiovisuales con 2.800 horas de edición de video y casi 1.000 jugadores relevados, todo sobre una obra de 3300 metros cuadrados.

Según informan los agentes de prensa, el costo declarado es de unos u$s 6 millones, mitad cubierta por patrimonio del club y mitad por auspiciantes: Adidas (u$s 1.8 millones), Torneos y Competencias (u$s 200.000), Petrobras (u$s 150.000), simpatizantes (monedas, u$s 250.000).

Además Ríver firmó convenios de ligazón con Adidas (Walter Koll) hasta 2014 (con opción de prórroga hasta 2016), plazo en el que la filial argentina de la empresa alemana desembolsará u$s 25 millones y pondrá a Ríver como marca en el mundo a partir de la distribución global de camisetas.




Según la definición del Consejo Internacional de Museos ICOM (artículo 2) un museo es "una institución de carácter permanente y no lucrativo al servicio de la sociedad y su desarrollo, abierta al público que exhibe, conserva, investiga, comunica y adquiere, con fines de estudio, educación y disfrute, la evidencia material de la gente y su medio ambiente".

Difícil pero conocido desafío enfrenta Museos Deportivos S.A. (empresa encargada que ya hizo los museos de Boca y Real Madrid) en dotar de sentido y seducción a un espacio de 3300 metros cuadrados, cuando muchos de sus halagados protagonistas están vivos: evitar en el tiempo un cementerio de objetos inanimados que posan con el clamor de generaciones sepultadas, transmitir ese clamor en videos, fotografías y efectos especiales, mantener una rotación de eventos, despegarse, quizás, del efecto Tierra Santa (el parque temático donde la gente deja plegarias y deseos escritos en el falso muro de los lamentos) y dejar de vender monedas para “socios fundadores".


 
Por un momento me imagino el valor del museo estando dentro, viendo la imagen, el brazalete o el maniquí de Daniel Passarella y encontrarme con el mismo Daniel Passarella, de carne, hueso y corbata, recorriendo los salones en asuntos administrativos. Entonces el viaje en el tiempo que me propone el túnel “Ríver Infinito” acaso aumente su efecto y me lleve a un viaje de los sentidos para asimilar que el museo, construido y administrado por una empresa (la misma que construyó y administra el de Boca) sea un verdadero viaje de dudoso regreso.

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