Tuesday, April 7, 2009

La Liga Inglesa rendida ante Maradona


Londres, Inglaterra. Miércoles 5 de Agosto de 1987.

El clima templado lo hace agradable. El próximo sábado 8, cuando se festeje el centenario de la fundación de la Liga Inglesa de Fútbol, Wembley, vestido de gala, será el objeto donde se posarán las miradas de todo el mundo deportivo para ver el equipo de la Liga Inglesa versus Resto del Mundo.

En honor a la puntualidad inglesa hace buen tiempo que los organizadores trabajan febrilmente, todo debe salir perfecto y de sortear dificultades se trata.


Londres, Inglaterra. Jueves 6 de agosto. Mañana.

“Está haciendo esperar al mundo entero” publica Daily Mirror.

“Aunque bajase del cielo, la gente querría tocarlo antes de creerlo” publica Independent.

The Sun lo pone más claro: “Este sucio argentino no quiere estar entre nosotros”.


Londres, Inglaterra. Jueves 6 de agosto. Noche.

La recepción, los autos, los hoteles, el salón, el catering, el estadio, los invitados, la plantilla del seleccionado de la Liga Inglesa están listos. Sólo falta el público y la confirmación de asistencia de Diego Maradona para Resto del Mundo.

La venta de entradas (15 libras o 24 dólares), en marcha desde hace unos días, está paralizada y el canal ITV, dueño de la exclusividad, no recibe las confirmaciones de retransmisión de las televisoras del mundo.

Si llegase un ok de Maradona – desespera Graham Nelly, secretario de la Liga – si llegase un ok de Maradona, venderíamos todas las entradas en sólo una hora, pero desde Italia ese ok no llega”.

Ferry Venables, encargado del equipo Resto del Mundo tampoco puede contra sus nervios. Inútil el anuncio de la presencia de Platini, Dassaev, Lineker, Futre o un equipo que reúna 80 millones de dólares en una cancha.


Verona, Italia. Jueves 6 de agosto. Noche.

Diego recibe el llamado de Cóppola en Il Faggio, un refugio alpino a 1000 metros de altura: Mr. Carter – presidente de la Liga – finalmente tuvo que aceptar. 100.000 libras y avión privado Verona – Londres ida y vuelta; una última gestión de John Smith, entre Cóppola y Carter, dio la luz verde.


Londres, Inglaterra. Viernes 7 de agosto. Mañana.

Se conoce el sí de Diego, el jefe de prensa de la Liga, David Williamson comienza a recibir pedidos de acreditación (356 agencias y medios de todo el mundo), el canal ITV empieza a recibir la confirmación de las televisaciones extranjeras hasta concretar 61 países en directo (récord absoluto para un partido amistoso internacional) y se revitaliza la venta de entradas (71000 espectadores).


Londres, Inglaterra. Viernes 7 de agosto. Mediodía.

“Es una barbaridad – dice Lineker – yo soy inglés y me pagan 3500 libras (unos 5500 dólares) contra los 100.000 que se lleva Maradona... es una diferencia abismal”.


Londres, Inglaterra. Viernes 7 de agosto. Tarde.

“Maradona nos salvó – dice Bobby Robson (DT inglés) – Si no hubiera venido, nos habríamos tenido que declarar en bancarrota”.


Londres, Inglaterra. Viernes 7 de agosto. 20.30 hs.

El avión privado deja a Diego en el aeropuerto de Stantead. Bajan Claudia, Dalma en brazos, Guillermo Cóppola, Salvatore Bagni (único italiano del resto), su esposa y John Smith.

Dos Mercedes Benz descapotables los traslada al Hotel Grosvenor (frente a Hyde Park) donde ya había comenzado el banquete de gala oficial del Centenario de Liga. Pelé (de smoking), Platini (en su despedida), Bobby Charlton, Stanley Matthews, Bobby Robson, la crema de la Unión Europea de Fútbol, Elton John, Richard Jonson, Rod Steiger... Se vendieron 1500 tarjetas a 150 libras (240 dólares).

Para Diego estaba reservada la cabecera de la mesa principal, pero antes (para exprimir los 160.000 dólares que había costado) le tenían preparado un encuentro exclusivo con periodistas ingleses para responder (comparecer) sobre la mano de Dios, uno con los fotógrafos oficiales de la Liga inglesa, uno con Pelé a solas y una entrevista exclusiva para la BBC.


Londres, Inglaterra. Viernes 7 de agosto. 22.40 hs.

Diego, acompañado de Claudia, atraviesa el lobby, cuando ya no queda lugar al protocolo. “Yo vine a jugar al fútbol y nada más”. Y así fue.


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