Monday, August 4, 2008

Ortega: perdido en el destiempo.

Cierta tarde, tiempo después de haber reemplazado al Maradona de las piernas cortadas en Estados Unidos, después del cabezazo holandés en Francia, después de pasar por España, Italia y Turquía, después de casi todo y cuando Ortega venía “de vuelta”, un entrenador llamó su atención: un Ortega de selección, pegado a la línea derecha del ataque volvía a abrir profundos surcos en las defensas contrarias que además, andando con la camiseta número 7, bajaba marcando a Roberto Carlos. Le costó ese nuevo y breve rol. Hubo polvareda periodística al respecto y no pocos comentarios, ecos y diretes. En uno de esos momentos de entrenamiento Ortega se encontraba en plena disposición cuando Marcelo Bielsa detiene el juego para decirle: “la oferta de la recepción debe ser vertical”. Imaginemos la cara de Ortega.

Tarde llegó la mano de Bielsa al derrotero del burrito, acaso también víctima del destiempo. Ortega ya estaba hecho. Podría sacrificarse para pelear un puesto, para solidarizarse con los compañeros, pero jamás iba a sentir su nuevo rol y, de hecho, no pudo sostenerlo.

¿Qué hubiese sido de Ortega de haber tenido en suerte un Marcelo Bielsa en el banco en aquellos momentos de desparpajo inaudito que, incluso, confundía a sus propios compañeros? Secuelas de un desencuentro temporal.

Hoy Ortega sigue estando de vuelta. Acaso supone que no es tiempo de tratamientos. Por lo menos NO ahora. No cree el burrito que un tratamiento breve lo saque del atolladero alcohólico. Y si de tratamiento largo se tratara sabe que entraría como un ex jugador para salir, en todo caso, como un ex alcohólico.

No es noticia que se haya llevado un puesto un surtidor con su coche. El otoño de Ortega empezó a escribirse hace rato en horizontes lejanos. Ocurre sí, que en estos tiempos, donde hasta los climas se vuelven efímeros, el otoño devino en invierno más rápido de lo esperado. Y como dijera cierto personaje “hay que pasar el invierno”.

Pero este invierno también le cayó en medio de otro desencuentro temporal. Supongamos que Ortega no está dispuesto a ceder en sus tiempos nocturnos y que hasta los considere necesarios para mantener un estado de ánimo propicio y adecuado a una edad donde haya acumulado suficientes privaciones entre viajes, concentraciones y pretemporadas. Démosle todo el crédito, incluso más del que ya se le ha dado. Después de todo no ha matado a nadie y unas copas tampoco matan a nadie. ¿Houseman no jugó borracho? Sus compañeros, en su mayoría pichones, deberían entender que para llegar a estrella el periplo no es corto y las prerrogativas se cobran. Supongamos que ya no se considere un deportista de alto rendimiento y que jugara para dar un par de pinceladas por domingo y motivar a la plebe del circo en una cuidada exposición mediática.

Pero el fatal desencuentro temporal de estos días es, después de la castigada cintura política y el ínfimo margen de José Aguilar, la carrera ascendente, transparente, exitosa, flamante y observada del Cholo Simeone. Un Cholo pujante no tiene lugar, al menos en este momento de su carrera, para este asunto. Porque desde que colgara los cortos en el vestuario de Rácing, pasando por el título de Estudiantes y luego el último de Ríver, cada uno de sus movimientos es estudiado y no sólo desde el Atlético de Madrid.

El tiempo tiene estas cosas. Tan etéreo y omnipresente sigue condenando al destierro.

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