Wednesday, April 18, 2007

Maradona




Maradona: vengador de las Malvinas. Por Thomas Jones, editor, The London Review of Books.


"Cuando yo era niño, en la Inglaterra de los ochenta, el mayor cumplido que se le podía hacer a alguien o a algo era llamarlo "hábil" ("Oye, qué hábil tu patineta nueva"). Y, en este sentido, nadie era más hábil que Diego Armando Maradona. Su nombre se invocaba como la forma más elevada de elogio, tanto en el campo del fútbol como en otras partes ("Oye, que maradona tu patineta nueva"). Tardé un rato en percatarme de que la palabra se refería a un ser humano y, en particular, a un jugador de fútbol. Después lo vi anotar contra Italia en la Copa Mundial de 1986. Fue evidente, aun para mí, que Maradona no sólo era hábil, sino que era la encarnación misma de la habilidad.

La siguiente ocasión en que Maradona anotó fue el 22 de junio de 1986, cuando su equipo jugó contra Inglaterra. Ambas naciones se habían enfrentado por última vez cuatro años antes, pero no en una cancha de fútbol, sino en la guerra de las Malvinas (la que Jorge Luis Borges bautizaría como "una disputa de dos calvos por un peine"). Para cuando Gran Bretaña había vuelto a arrebatarle las islas a Argentina, más de 900 hombres (la mayoría de ellos argentinos) habían perdido la vida. Esta victoria hizo que la popularidad de Margaret Thatcher aumentara en su país; en Argentina, la derrota contribuyó a la caída de la junta militar derechista que había gobernado desde 1976.

Cuatro años más tarde, todo ello era historia, o por lo menos en eso insistían ambos equipos antes de enfrentarse nuevamente. Maradona anotó los goles de Argentina, en una victoria de 2 a 1 sobre Inglaterra. El segundo de ellos, 11 deslumbrantes segundos de habilidad sobrehmana, fue declarado según una encuesta realizada por la FIFA en 2002, el gol del siglo: parecía moverse en una dimensión de tiempo diferente de la de los jugadores ingleses, quienes llegaron a atajarlo cuando ya los había dejado atrás.

Para mi sorpresa, ninguno de mis conocidos quería hablar acerca de ese segundo y extraordinario gol, sino sólo sobre aquel que anotó cuatro minutos antes, con el puño. Quienes admiraron a Maradona estaban furibundos, como si los hubiera traicionado personalmente. De la noche a la mañana su nombre se había convertido en un insulto. Yo estaba desconcertado: lo que llegó a conocerse como el incidente de "la mano de Dios" simplemente no me parecía tan malo. Todavía no me lo parece. Por principio de cuentas, encontré impresionante que Maradona, de 1.65 metros de estatura, hubiera vencido al portero, casi 33 centímetros mayor. Además, ¿no eran más culpables el árbitro y los jueces de línea, por no señalar la falta y por considerar válido el gol? Siempre he sospechado que la censura de "la mano de Dios" es una manera de disfrazar la decepción y frustración del contrincante ante su derrota; que lo que nunca podrán perdonar a Maradona los aficionados de Inglaterra no fue la trampa, sino que rodeó a cinco de sus jugadores como si fuesen postes de madera y eliminó a los ingleses del Mundial con el gol más grande que jamás se haya anotado".

La diferencia entre multitud y muchedumbre es que en aquella los miembros son activos y están orientados hacia una meta común. Mucho más que una multitud vio el gol de Maradona por televisión en junio de 1986. Pero estábamos separados, en casas y bares. La unión de la multitud sólo se dio a través de una irrepetible explosión sonora.

Sí hubo una multitud cuando Leopoldo Galtieri salió al balcón de la Casa de Gobierno argentina en abril de 1982 a gritar a los ingleses "si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla"; y también hubo festejos cuando el hundimiento del Sheffield inglés.


Cien años de perdón por la mano de Dios, piratas, creadores del fútbol. Pues sólo para ellos, festejantes argentinos de hipocresía crónica que son multitud en el país, sólo para ellos, Diego vengó las muertes de Malvinas.


Para nosotros Diego hizo fútbol.


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