Friday, June 19, 2009

Lucas Ayala

Pocos saben que muchos de los jugadores que defienden las camisetas del fútbol local actual, sí, los que quedan acá, están de vuelta de fallidas pruebas por el mundo. El mismo Pastore, estrella del torneo, está vuelto con las manos vacías de Saint-Etienne y Villarreal. Hablamos de pibes de 16 a 20 años, protagonistas de nuestro empobrecido torneo que, contactos mediante, no dejan de viajar y probar suerte.
Un caso mas es el de Lucas Ayala que, de las inferiores de Rácing, llegó a jugar para la selección mexicana de Eriksson.

[Sebastián Fernandez Castaño]

Nació en Buenos Aires el 11 de agosto de 1978, hizo las inferiores en Rácing hasta que un representante le ofreció la posibilidad de ir a probarse a México. Allá por 1995 y con sólo 17 años, Lucas no dudó y partió rumbo al país de Cantinflas, el Chavo y Hugo Sánchez, donde hoy, 14 años después, es uno de los jugadores más codiciados de la liga, incluso con una participación en la Selección mexicana.

Claro que el desembarco y el tránsito en el fútbol azteca no fue fácil. Durante buena parte de su carrera, este volante central de buen manejo luchó en la Primera División A del ascenso mexicano, donde jugó varios años antes de dar el salto a la Primera División Nacional. Su primer equipo en tierra tricolor fue Coyotes de Saltillo. Luego pasó por Tigres de Juárez, Correcaminos, Tigrillos, Jaguares de Tapachula y Zacatepec, hasta que en 2004, ya con 26 años, se naturalizó mexicano y se incorporó al Veracruz, que tenía cubierto el cupo de cinco extranjeros.

Antes, en Tigrillos, Ayala había sido dirigido por su suegro, el también argentino Osvaldo Batocletti, ex defensor de Racing, Lanús y Unión, quien terminó su carrera en Tigres de San Nicolás de Garza, a mediados de los 80. En una cena en la casa del entrenador, Ayala conoció a la hija de Batocletti, Gabriela, con quien se casó y tuvo dos hijos, Lucas Nahuel, de tres años, y Gabriel Hernán, nacido en noviembre pasado.

Con una familia formada, la vida se le hizo mucho más fácil a Ayala, que suele venir de vacaciones a Argentina pero que está muy cómodo y muy feliz en tierra mexicana, donde piensa seguir su carrera. Luego de jugar tres años en el Veracruz (2004-2007), pasó a Tigres de Nueva León y la última temporada jugó a préstamo en el Atlas de Guadalajara, donde tuvo una destacada actuación que le valió la convocatoria de Sven Goran Eriksson a la Selección tricolor para jugar un amistoso ante Suecia en enero de este año. Luego, el entrenador sueco debió irse debido a los malos resultados y Ayala perdió terreno en el conjunto nacional que hoy dirige Javier Aguirre y que lucha por un lugar en el Mundial de Sudáfrica.

Tras su paso por Atlas, Ayala volvió a Tigres que, al ver su buen rendimiento en Guadalajara, no dudó en reincorporarlo.
“Siempre uno está dispuesto a quedarse en un lugar donde lo han tratado bien, el tiempo que estuve acá pasaron cosas muy lindas, entonces voy a trabajar para poder estar en los planes de Daniel (Guzmán, el nuevo técnico que conoce de su paso por Veracruz)”.

Luego de 14 años en el fútbol mexicano, Ayala totaliza 284 partidos jugados (1 en selección mexicana y 5 por Copa Libertadores de 1999 para Monterrey) y 16 goles, 2 muy especiales: el que le marcó a Morelia en la última fecha del Clausura 2005 y le permitió a Veracruz empatar el partido y evitar el descenso y el que le marcó a Pumas por la 7º fecha del último torneo Clausura, una volea al ángulo desde más de 30 metros.

Próximo a cumplir 31 años en poco menos de dos meses, Ayala se encuentra en un buen momento futbolístico y busca dar el salto de calidad que tal vez le falta a su carrera. Su objetivo es claro: volver a la Selección y jugar el Mundial el año que viene. “Quiero estar nuevamente con la Selección, que fue algo muy lindo, es un orgullo y la única forma de estar es trabajando”, asegura Lucas, un argentino más que se gana la vida jugando al fútbol lejos de su tierra.

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Wednesday, June 17, 2009

Se retira Calderón

Tiene 38, cumple en octubre, alterna con pibes de 20, todavía moja y decidió retirarse el domingo próximo (21.06.09) cuando Estudiantes reciba a Colón.

Se hizo en el fútbol relámpago de la villa, entre apuestas y cerveza, porque nació ahí, en La Favela, donde “no entraba la policía, estaban todos armados y vendían merca en las fogatas”; casa de chapa y cartón, “ladrillo ni uno”, cuarto dividido por cortinas, brea en los agujeros del techo y baño de agua fría afuera.

Se probó en Estudiantes. Jugó unos años y lo echaron, a los 11, por “petiso”. Se mudó enfrente, a los monoblocks, salió a trabajar y no dejó de jugar. El viejo, tripero y vendedor callejero de frutas, lo llevaba los sábados a ver a Gimnasia pero iba – de querusa – a ver a Estudiantes los domingos.

Probó en Defensores de Cambaceres, “jugando en la quinta de Camba me vieron Rezza y Restelli (DTs de Gimnasia) y me ficharon”. Festejó el viejo hasta que un día le dijeron “no vengas más, Cambaceres es sucursal de Estudiantes y no queremos a nadie que venga de ahí”.
Volvió a laburar. Volvió a Cambaceres, ascendió a la 1ºB (1991) y el Tata Brown lo volvió a llevar a Estudiantes. Descendió (1ºB) en 1994 y volvió (1ºA) en 1995 con el pibe Verón.
Después vinieron Independiente, la selección (5 partidos), la guerra con Bielsa, Nápoli, América, Atlas, Arsenal y, siempre de vuelta, 3 goles en el 7-0, Estudiantes.

Se retira el domingo. Es indeclinable.
Sin embargo lo tientan de Cambaceres y no le disgusta la idea, “uno o dos partidos”.

No hace mucho le preguntaron cuál fue el gol más importante y contestó: “el que está por venir”.

Copa Confederaciones: España 1 Irak 0

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Daniel Montenegro bajo la lupa.

El hombre de la lupa, Pedro Molina, hizo un recorrido por el circuito creativo de Independiente cuando el rojo perdió (0-5) con Bánfield. Así administró Montenegro.

Merezco como mínimo el calificativo de valiente por analizar el ¿ataque? de Independiente. Más precisamente esta vez la lupa consistió en analizar los pases de Montenegro para con sus compañeros. O sea, pelotas redondas que le dio a alguno de la camiseta del mismo color que él. No cuentan ni pelotas perdidas, foules recibidos, cometidos, etc. Tampoco tiros al arco, porque no pateó…


PRIMER TIEMPO

El resultado ya podría denotar una falta de ataque considerable, porque si existe la frase “no hay mejor defensa que un buen ataque”, dada vuelta podría dar una parte de la explicación de Independiente (la otra gran parte son los cuatro de abajo). Bueno, el Rolfi dio once pases contando un corner y un centro frontal. Los destinatarios increíblemente fueron: Simonetti tres veces con tres cambios de frente (uno por arriba), la misma cantidad que Machín, después tocó corto y cerca dos veces con Mancuello y otra vez cerca con Gandín. El corner y un pase de dos metros con Guillermo el Uruguayo Rodríguez completan los números.

SEGUNDO TIEMPO
La historia no varió. Es más, Montenegro participó menos que en la primera parte, ya que dio siete pases redondos nomás. Uno a Godoy (¿habrá tocado más que esa pelota?), y dos a Pusineri, al Tonti Ríos y a Nuñez. Ya más ubicado por el centro con el ingreso del segundo punta, fue allí (como muestra el mapa) donde intervino más con la pelota.


CONCLUSIÓN

Ni siquiera me animaría a llamar conclusión a decir que el plantel de Independiente es de los peores, y es ese uno de los principales motivos por el cual hay poco para exprimir. A Montenegro recién llegado de Ecuador no se le podía pedir mucho, estuvo totalmente ausente y sobre todo mal acompañado. Jugó de mediapunta y sin embargo se la pasó haciendo cambios de frente, jugó de enganche y se la pasó dos veces a los delanteros. Así como con Luna pudimos llegar a una respuesta, con el Rolfi la única respuesta capaz de esperar será a partir del próximo torneo cuando esté rodeado por otros y mejor.