Monday, May 5, 2008

Una pasión llamada Rácing Club

Abrimos nuestro espacio a un invitado que sabe y que no se contenta con lo que sabe. Nos lo muestra desde su blog Café Fútbol, donde la investigación nos abre ventanas tan exóticas como reales: Garrincha.

Para explicar lo que una persona siente, en caso de ser dócil con la palabra, se hace más sencillo que te comprendan los que te rodean. Sin embargo, pese a esta facilidad siempre es complicado hacer llegar a los demás el apasionamiento, el dolor y las incomprensibles sensaciones que un corazón llega a experimentar cuando algo que siente como suyo sufre sin poder hacer otra cosa que apoyarle. Así es como me siento con la Academia.

No soy argentino, ni tampoco nadie de mi familia. Soy un amante del fútbol del sur de España, de Málaga en concreto, una ciudad de sangre caliente cuya única vinculación posible con la Acadé son los colores blanquiazules del club de mi tierra y el de Avellaneda, amén de la extensísima colonia de argentinos. Pero nada de ello ha influido para que un día, al ver a ese equipo que viste como la albiceleste, me decidiese a entregarme a ellos con todas las consecuencias.

Leyeron bien, todas las consecuencias, lo que implica no pasar un fin de semana sin intentar ver el partido a pesar de la diferencia de kilómetros y horas, sufrir hasta altas horas de la madrugada e incluso no salir a veces con mis amigos porque casualmente enfermé un rato antes del partido de Racing.

Pero este amor es desgarrador. Uno no acierta a poder expresar el como ni el porque de este sentimiento en el pecho, porque siento que tengo tatuado en el mismo el glorioso escudo del equipo albiceleste, porque a veces siento que necesito llorar por la impotencia que me invade al ver como la envidiable hinchada que colma el Cilindro hincha con todo y los chicos, pese a que ponen todo lo que tienen por el equipo, no son capaces de sacar adelante la situación.

Y es que esa hinchada es el mayor activo de Racing, lo que de verdad los convierte en campeones cada partido que juegan, y lo que debe arrastrar a los jugadores a sentirse como titanes, pues un pueblo, un sentimiento arraigado en lo más profundo del alma de cada académico esparcido por el mundo, los acompaña en esos 90 minutos que disputan cada fin de semana a vida o muerte, pues la desgraciada realidad de nuestra institución está en pelear por salvar una categoría que jamás debemos perder pese a que nuestros dirigentes no tengan el nivel ni el honor necesarios para encabezarla.

Nos quedan 7 finales, algunas ante rivales directos y otras ante los enemigos clásicos de siempre. Mes y medio de agonía que deben implicar victorias en todos los choques, como mandan los cánones de los grandes, pero no el difícil presente de la Academia. Sin embargo, desde el sur de España, desde lo más profundo de Siberia, desde el norte de Canadá o desde el corazón de África, más todos los miles de hinchas repartidos por la inmensidad argentina y el resto del mundo, todos hincharemos con todas nuestras fuerzas para sacar esto adelante. Dios quiera que así sea, y que la próxima vez que deba escribir o hablar de Racing Club no sea para llenarme el pecho con el orgullo de su historia, sino con un presente más halagüeño y grande acorde a lo que siempre ha sido esta gran institución.

Desde aquí quisiera agradecer al amigo Calígula y sus compañeros la oportunidad que me han brindado para expresarme en su gran e incomparable espacio, referencia donde las haya de calidad inobjetable. Un abrazo a todos, espero que les guste el texto.

Sunday, May 4, 2008

TAPA Nº 26

Ponzio perdió la marca de Battaglia que cabeceó el 1-0 al minuto 14. Desde entonces, con actitud, Boca se adueñó de un partido intenso y peleado hasta el último minuto y lo ganó porque salió a jugar con el atuendo apropiado - el overol - frente a un rival que, como su entrenador, salió de elegante sport.
En un juego infartante Rosario Central se quedó con la final adelantada de la promoción. Cuatro goles en los últimos quince minutos y el Kily en el minuto 90.
Real Madrid se consagró campeón de Liga por 31º vez. Pipita Higuaín convirtió el gol de la coronación.

CRÓNICA DEL SUPERCLÁSICO: AQUÍ

Saturday, May 3, 2008

Boca - Ríver: la pasión.

Morel Rodríguez trabajando con el kinesiólogo, Battaglia y Dátolo guardados ante San Lorenzo para evitar una presunta suspensión por quinta amarilla, Riquelme preservado por tener poco entrenamiento, Ortega a la cancha contra Argentinos Juniors para ganar minutos de fútbol, Abreu reemplazado por resguardo... hace días empezó el superclásico que arroja sombra sobre el resto de la 13º fecha del torneo Clausura.

Pasión, historia, cruce de camisetas legendarias, escuelas diferentes, estilos y matices, la memoria de goles y vueltas olímpicas, el recuerdo de los orígenes próximos pero sobretodo, pasión.

Ya no se enfrentan ni Varallo y Ferreyra, ni Boyé y Pedernera, ni Angelillo y Labruna, ni Roma y Amadeo, ni Gatti y Fillol, ni Maradona y Passarella. Hoy tenemos a Riquelme y Ortega en el otoño de sus carreras. Pero, con todo el historial a cuestas, aquí y en cada cita de superclásico no importan los antecedentes, ni las posiciones de la tabla, ni las inercias, los momentos, los nombres, vicisitudes, pormenores, circunstancias. Los cambios de horarios, los montajes de seguridad, la inevitable venta y reventa de entradas que hasta decuplican su valor, las declaraciones y el gran casino de apuestas en que se convierten las oficinas y los vecindarios sólo se viven en esta cita.

Llegando al estadio se confunden olores e idiomas. Porque el superclásico, uno de los 50 espectáculos universales que hay que ver antes de morir, determina tours y organiza calendarios de visitas a Buenos Aires. Desde países nórdicos u orientales a hoteles cinco estrellas y combis acondicionadas, desde modestos micros, desde el interior de la larga geografía argentina llegan espectadores. Mismos que, como bien refleja Muntadas en su exposición itinerante, son menos marco que parte (fundamental) del evento.

Boca y Ríver, como el mito del eterno retorno, paralizan un país. Las tapas de los matutinos son la antesala del suceso que se produce a estadio lleno y ciudad vacía, con los bares a full, los semáforos superfluos y las banderas pendientes de los balcones como mudos testigos del detenimiento del tiempo.
Borges adivina “que el curso del tiempo y el tiempo son un sólo misterio y no dos” y pregunta “¿qué razones hay para postular que ya existe el futuro? Eso es, entre otras cosas, el superclásico Boca – Ríver: la sensación incomparable de que, por unos momentos, sólo existe ese partido. Algo así como la eternidad entendida por los teólogos: la simultánea y lúcida posesión de todos los instantes del tiempo.

Si Shakespeare pide en su Soneto XXIII que más que otra lengua de expresivo alcance, dejen transmitir a la elocuencia de sus escritos y si Dante fomenta el italiano vulgar para que Laura entienda, ¿en qué idioma contar esta pasión?

Artículo publicado en FUTBOL TOTAL.

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Wednesday, April 30, 2008

Liga Deportiva Universitaria (Ecuador) 2 Estudiantes (Argentina) 0

COPA LIBERTADORES DE AMÉRICA 2008 - OCTAVOS DE FINAL – IDA


Estudiantes fue a construir un castillo (partido) a la costa (altura). Sabiendo que la marea subiría tomó todos los recaudos y marchó a Quito (Ecuador) con un plan claro y establecido que se propuso cumplir a rajatabla: orden estratégico, cuidado de pelota y sorprender en alguna remota posibilidad.
Así salió a jugar Estudiantes, abroquelado, con los ojos bien abiertos y los sentidos bien despiertos, espalda con espalda en medio de un estadio repleto, mostrando su complementación de equipo como cualidad príncipe y pensando menos en el arco de enfrente que en sus propias piernas.
El arquitecto, Verón, regulaba los tiempos y mostraba como mover la pelota mientras el capataz Benítez movía unos hilos (hizo un caño de antología) y los obreros cumplían ordenadamente su libreto. Había que construir bases sólidas para un castillo que debía, de buenas a primeras, afrontar la consabida marea que llegaría, en el mejor de los casos, terminando el segundo tiempo.
Así, durante la primera etapa no hubo demasiados sobresaltos y la obra en construcción fue llevándose a cabo según los proyectos pautados; orden, concentración y no menos esfuerzo dieron sus frutos hasta el descanso. Pero quizá hubo un error de cálculo: el desgaste de recursos que demandó la construcción de la primera parte fue superior al esperado. Y entonces cuando el agua comenzaba a acerarse el arquitecto Verón empezó a desplegarse y a multiplicarse hasta que el cansancio venció a la precisión y los obreros se encontraron encimados. La indefectible marea creció: el agua empezó a llegar y a erosionar la obra tan prolijamente diseñada en Buenos Aires. Y frenar el agua es algo muy difícil. Las grietas empezaron a abrirse por el flanco izquierdo.
Juan Manuel Díaz (terminó expulsado) tuvo una pesadilla con Joffré Guerrón, hombre oscuro y voluminoso que dominó el balón en velocidad de manera poco habitual. Una vertiginosa aplanadora que salva su carril derecho en línea recta y que con la pelota en movimiento entre sus pies sortea rivales (pareciera) hasta el último que se anime a cruzarse en su camino. Pareciera también que el inicio de sus carreras verticales son tan tibias como sus propias esperanzas de llegar al fondo y tirar el centro. Porque las arremetidas, si bien son exitosas, no son limpias. Rebotes, césped irregular, algo de ímpetu o fortuna y el forcejeo con sus marcadores hacen que se mire el desarrollo de la jugada como una contienda de final abierto: tanto puede trabar y salir jugando el marcador como terminar Guerrón rematando al arco, casi sin ángulo, y marcar el gol: esto último es lo que ocurrió en el minuto 63. Así, después de un aviso por su mismo surco que terminó en centro y cuando las piernas de Estudiantes comenzaron a acusar recibo de la altura (2800 metros sobre el nivel del mar), se abrió el partido que venía cerrado muy prolijamente por la honorable labor de concentración colectiva de Estudiantes.
Tardó poco el agua en derribar el castillo que estaba levantando Estudiantes muy laboriosamente. Nuestro conocido (argentino) Damián Manso se encargó de poner el segundo gol. En ese corto tiempo y en muy breves opciones desperdiciadas pudo verse que Lázaro, encargado de las terminaciones de la obra (llámese yesero o goleador) no está haciendo honor a la fábrica de centrodelanteros pincharratas que sacó nombres como Palermo, Pavone y Farías. El corto tiempo que le costó al castillo sucumbir al agua de la marea esperada puede armar la sospecha de que ese castillo proyectado por Estudiantes era sólo de arena.

Tuesday, April 29, 2008

Una voz en el teléfono


Esa noche no jugaba Ricardo Bochini que se recuperaba de una lesión pero la popular de Independiente estaba tupida y presta a festejar lo que no podía ser sino un cómodo triunfo frente al All Boys que dirgía Carmelo Faraone. Sin embargo el clima se empezó a caldear a medida que la noche a complicar o viceversa. Porque el marcador no se abría (Outes sin Bochini era Out), porque cada fallo arbitral era protestado (dentro y fuera del campo), porque Manuel Koesseian (volante uruguayo de Independiente) chocó y cayó a al césped antes de ser retirado en camilla con doble fractura de tibia y peroné, porque en un tiro libre de 25 metros Insaurralde clavó el 0-1 para All Boys y porque Ricardo Bertolé (marcador de punta rojo) fue expulsado por siete fechas después de insultar al juez de línea Carlos Aranguren.
El entretiempo fue más caldo de cultivo. En el segundo tiempo Independiente salió con todo a buscar el empate pero a los 4 minutos Aranguren cae de rodillas al piso y al ver que no se levantaba, el árbitro Aldo Ottone suspendió provisionalmente el partido.
En los vestuarios de la cancha de Independiente (entonces la Doble Visera), Ottone escuchaba a su colega que no se sentía en condiciones de volver a la cancha porque el piedrazo que había recibido desde la tribuna le impedía mover su brazo izquierdo y le cortaba la respiración, diagnóstico confirmado por Luis Pintos, médico de All Boys.
A los gritos y como león enjaulado, el presidente de Independiente trataba de convencer al árbitro (y a los periodistas del diario La Razón) de que Aranguren no tenía problemas físicos más que el susto por el clima caliente del partido.
Ottone estaba en la encrucijada: suspender el adelantado de la 3º fecha del Metropolitano que se estaba transmitiendo en directo por canal 7 (aún en blanco y negro) o calmar y convencer a Aranguren mientras la gente y las cámaras esperaban en el estadio.
El árbitro no había tomado una decisión cuando el presidente de Independiente le acercó un teléfono diciendo que el presidente de la AFA, Alfredo Cantilo, quería hablar con él.
“Sorprendido, Ottone levantó el tubo… “¿Qué tal doctor Cantilo?”, abrió el juego. Tras breves diálogos de precalentamiento, el juez escuchó la orden intimidatoria desde el otro lado de la línea: “Debe continuar con el juego”. Pero la voz de mando que le exigía retornar al campo de juego no le resultaba totalmente familiar. “¿Y cómo sé que usted es el doctor Cantilo?”, le preguntó a su interlocutor. Y tras verbalizar la desconfianza que lo había asaltado, se le ocurrió disipar la duda con un llamado a la AFA. Colgó y enseguida discó los seis números necesarios para aclarar la situación: tal como había sospechado, las instrucciones provenían de un falso Cantilo.”
Cincuenta minutos esperó el público y la televisión para la sorpresa: los equipos y los árbitros salieron a la cancha a reanudar el juego. El Beto Outes consiguió un rebote y empató el partido pero a los cinco minutos otra piedra cayó cerca de Carlos Aranguren y Aldo Ottone suspendió definitivamente el partido.
Fue la noche del 11 de marzo de 1977 cuando Independiente todavía estaba presidido por Julio Humberto Grondona.

Monday, April 28, 2008

Centrogol.


Así, "CENTROGOL", definió Salgueiro su definición que abrió el partido Estudiantes 3-1 sobre Rosario Central por la 12º fecha del Clausura. Sonrisas de Moreno y Fabianesi, sonrisas de Sensini y sonrisas (tímidas) del propio Salgueiro.