Sunday, May 11, 2008

Ay Materazzi!



En alguna discusión con mi amigo Daniel, seguidor de la NBA, dije que la diferencia más notable entre el fútbol y el basquet era la imprevisibilidad del juego, como si en el basquet - y perdonen mi ignorancia al respecto - se repitieran las jugadas, los pases, los tantos y las construcciones de ataque de una manera que las exiguas dimensiones del campo y el tamaño de sus jugadores permiten y acaso acentúen.
No así en el fútbol, donde la convalidación de un gol quiebra de manera fundamental el desarrollo y donde, como no sucede en el basquet, un pase, la elección de un jugador en un momento cualquiera del partido, determina el destino del juego siguiente, en una solución de continuidad que el basquet, al interrumpirse entre doble y doble, no tiene. Si un líbero eligió abrir el pase a la derecha en vez de a la izquierda, esa sencilla elección determinará el destino de todas las jugadas que siguen y de ahí también la importancia de los jugadores elegidos para cada partido.
Así vimos como Materazzi, famoso entre otras cosas por recibir el cabezazo de Zidane o murmurarle al oído, erró el penal que en el minuto 82 el árbitro le regaló al Inter para poder ponerse 3 a 2 frente al Siena y festejar su tercer scudetto consecutivo... a sólo dos minutos de que Cruz rematara al arco rival con ciertas posibilidades de gol y la pelota encontrara como destino final sus sentaderas caídas en la línea del área chica en posición de off side.
Inter debe esperar y ahora ganar en la próxima fecha, la última, para llevarse el scudetto. ¿Jugará Materazzi?

Thursday, May 8, 2008

Copa Libertadores 08: San Lorenzo a cuartos.


A los 10 minutos de juego el árbitro Pezzota, a instancias del juez de línea, anula por off side un gol válido de Abreu, habilitado por un taco de Radamel Falcao. Al minuto siguiente Abelairas tira un centro semifrontal al área de San Lorenzo que termina en gol. Entonces se cruzan Falcao y Méndez y comienza la pelea cuyo primer round termina con la insólita y certera amonestación al arquero azulgrana Agustín Orión (debieron irse expulsados más de tres jugadores). Dos penales a Sebastián Abreu no son sancionados. No hay reclamos. Ríver gana, clasifica y salvo las frágiles piernas de Buonanotte, no corre demasiado peligro. La pelota va y viene, generalmente por el aire cortado de golpes e insultos. Algunos toques de Augusto Fernández marcan cierta distinción sobre la lucha de Torres y Bergessio. Carrizo alardea con la pelota en sus manos y la altura de Abreu permanece amenazante. San Lorenzo se va al descanso eliminado y sin encontrar la llave de un partido de temperatura volcánica. Los recuerdos de copas setentistas sobrevuelan, copas que Simeone y Díaz vieron por televisión.

El segundo tiempo empezó igual: la pelota atrás de las piernas rivales y los tapones en carne. Al primer cuarto, Bottinelli sin pelota y en su propia área, estampa su codo en el cuello de Falcao, se va expulsado y Abreu de penal pone el 2-0. Ríver, en cuartos de final, está con los pies en la cancha y la cabeza en los pies. Haber perdido el superclásico del domingo pasado ni siquiera lo baja de la punta: un tropiezo que a cualquiera puede pasarle. Haber perdido con San Lorenzo en la ida pudo haber sido un accidente: un inocente penal a dos minutos del final.

Esos minutos (exactamente 8), esos en los que el equipo se relaja después del gol, encuentran la pelota en campo de Ríver. Nada grave. San Lorenzo diezmado es más inofensivo aún. Casi sin darse cuenta Carrizo manotea la pelota en la línea del arco un segundo antes de que la cabeceara Bergessio allí mismo. Un susto. Sólo un susto. River puede dominar el juego. Dos hombres de más, dos goles y la tensión vivida resquebrajan (?) a San Lorenzo. Pero la pelota, por rebotes, imprecisiones o desconcentraciones no pasa la mitad y así no puede volver a acomodarse en el partido. Pero la tribuna está feliz y lo hace saber.

Silvera rodeado de defensores locales pelea una pelota irrelevante (?) en el área. Gira, centro atrás, Torres, abre a la izquierda, Bergessio, gol. Seis defensores de River acompañan la jugada en abanico un segundo atrasados.

Penales. Pero quedan veinte minutos once contra nueve. Pero la pelota vuelve a campo de Ríver y cuatro minutos después Bergessio cabecea un córner en el primer palo y la emboca.

Catorce amarillas y dos rojas. River afuera. En quince necesita dos goles. Simeone desespera, patea pelotas imaginarias. La hinchada de San Lorenzo ruge como nunca. Las comisuras de Ramón Díaz no pueden relajarse. Hirsig por Silvera y Bergessio a jugar de ocho. Ríver sale a jugar como despierto de madrugada con un baldazo de agua antártica. Genera situaciones: tres, a razón de una cada cinco minutos. Carrizo le erra a la pelota con el pie y el palo la tira al córner. Tuzzio se va expulsado. Alexis Sánchez se confunde. River necesita una pastilla de carácter, Ríver necesita un cholo Simeone en la cancha.

8 minutos: frontera entre el cielo y el infierno, lapso demasiado breve para juzgar una gestión que se despedaza, lapso exacto para la producción de un milagro.

Hemos visto un partido muy difícil de olvidar.


River: Juan Pablo Carrizo - Paulo Ferrari, Gustavo Cabral, Eduardo Tuzzio, Cristian Villagra (Alexis Sánchez, 74) - Augusto Fernández (Mauro Rosales, 63), Oscar Ahumada, Matías Abelairas, Diego Buonanotte - Radamel Falcao García y Sebastián Abreu.
DT: Diego Simeone.

San Lorenzo: Agustín Orión - Adrián González, Sebastián Méndez (Gastón Aguirre, 46), Jonathan Bottinelli, Diego Placente - Diego Rivero, Juan Manuel Torres, Walter Acevedo (Pablo Alvarado, 64), Andrés D´Alessandro - Gonzalo Bergessio y Andrés Silvera (Santiago Hirsig, 78).
DT: Ramón Díaz.

Goles: River: Abelairas (11), Abreu (61, penal) | San Lorenzo: Bergessio (69 y 72)
Amonestados: River: Abreu (9), Villagra (23), Ahumada (53), Fernández (53), Carrizo (67), Rosales (72), Sánchez (76), Falcao (78) | San Lorenzo: Orion (18), Acevedo (52), D´Alessandro (67), Bergessio (74)
Expulsados: River: Tuzzio (90+1) | San Lorenzo: Rivero (42), Bottinelli (59)
Estadio: Monumental
Espectadores: 50.000
Arbitro: Sergio Pezzotta.

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TAPA Nº 7

Tuesday, May 6, 2008

Superclásico: APOSTILLAS.

Y las críticas le llovieron al Cholo. Regueros de tinta para hablar de cambios y planteos. Tan poco dejó el superclásico y tan grande es el espacio que los medios le brindan. Entre otras cosas, un diario es el conglomerado de noticias del día anterior pero también un espacio que debe ser llenado y no puede achicarse si hay menos noticias. Y pareciera que en directas proporciones decrece el nivel futbolístico de nuestro medio en simultáneo al crecimiento de las coberturas periodísticas que, de esta manera, terminan ensayando sobre dimes, detalles y diretes. Porque Boca y River, en medio de los días que definen el semestre, los sabrosos premios por copas y la estabilidad de los entrenadores tuvieron que encontrarse cara a cara.

Y, como era de suponer, salieron a no regalar nada, a no perder, incluso a no desentonar. Así salió un partido olvidable que ni dejó fotos para el análisis, con mucho público, con dos símbolos devaluados (Riquelme y Ortega), con muchos chicos y jugadores en dudoso estado físico, tal el calendario de exigencias.

Dadas las cosas, el periodismo de los lunes le cayó sin piedad a Diego Simeone analizando certeramente con los resultados puestos y los afiches ya impresos.

Incluso en nuestra crónica del partido dijimos que Ríver se equivocó. Porque era un partido para el overol que se puso Boca y no para el elegante sport que eligió Ríver. Aquí, Buonanotte, Alexis Sánchez y Ariel Ortega: lo mejor que tiene Ríver, un chico de 17 años que mide 1.60, el chileno que se enreda con la pelota y el burrito entre copa y copa. No nos engañemos: esto es Ríver. Sin embargo el Cholo apostó y sólo puede decirse que acertó o no acertó después de tirada la pelota, el lunes. Pero puede discutirse si la apuesta tenía o no buenas probabilidades de éxito. Porque se sabía que Boca saldría con la lija y el overol a pelear en una Bombonera repleta que sólo tuvo 2700 localidades visitantes. Y entonces Simeone, acaso pensando que jugar un partido áspero de visitante era demasiado peso, eligió el tiki taka y jugó con los recursos disponibles. Ganó Boca. Embocó un centro al minuto 14 y cerró el arco. Pero el proyecto de Simeone fue jugar antes que luchar, embocar y poner nervioso al rival, apostó a que salieran las primeras jugadas, a que los pibes se agrandaran, a que Boca pegara y así manejar la temperatura de un partido que hasta empatado venía bien.

Dijimos también en la crónica que Ríver falló justamente porque los intérpretes no estuvieron a la altura del proyecto. ¿Fue un proyecto equivocado? ¿Debió salir más conservador? ¿Debió jugar Ferrari para proyectarse? ¿Debió incluirse a Abreu como titular para tirar centros a la olla? El lunes se va a decir que sí pero la respuesta se necesita el domingo, un rato antes de empezar el partido, cuando los periodistas todavía no escribieron una letra.